Llegó el adiós,
un adiós inexorable como el tiempo.
Lo sabía y a pesar de ello mycho me dolió.
Las despedidas son como pequeñas muertes,
algo dentro de nosotros muere
y la herida que queda
duele para siempre.
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Te oareces a una tarde de lluvia en el otoño.
Tienes esa nostalgia que tanto quiero.
Tus ojos son como acacias
que reflejan tus pesares,
como la callemojada refleja, imprecisa,
las siluetas de los árboles.
Tu voz tiene la cadencia del llover mebudo
y suena a campanitas
sobre el cristal de mi ventana.
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Soy el guijarro que se hunde
en las transparentes aguas de tu fuente;
el ave que cruza la niebla de tu pelo;
la hiedra que se abraza al mármol de tu cuerpo;
la brisa que mitiga el fuego que te abrasa;
el vino que en tus labios se derrama...
Soy, en fin, el hombre que te ama.
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