La lluvia de tus manos
refresca la aridez de mi alma;
cae tu lluvia suavemente
limpiando las amarguras
y tristezas del corazón;
las flores de tus ojos
perfuman con su mirada
y los rubíes de tus labios
dan color a lo gris de mi vida.
Ya no hay amargura,
ni tristeza;
una caricia, una mirada
-la tuya-
son suficientes para llenar de gozo
el regalo de la vida.
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