El tiempo va lentamente,
inexorable, como cae la noche sobre la tarde.
Cuando se acumulan muchos años
los recuerdos los recuerdos
son inseparables
y magníficos amigos de la soledad;
son ellos, los recuerdos,
quienes mitigan el peso de la edad
y la sangre se revitaliza
y corre por las venas
bombeada por un corazón que ama todavía.
No son las llamaradas efímeras y ardientes,
son como una suave tibieza
que abriga del frío de la incomprensión.
La noche va cantando el 'réquiem' a la tarde
que va apagándose lentamente
tras la silueta sensual de la montaña.
Cae la noche sobre la luz de la vida
y el sueño de los años invade el alma
en un sueño cada vez más largo,
más tranquilo como lo es,
tal vez, el de la muerte.
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