Vivir es escalar una montaña:
avanza lenta y cuidadosamente.
Al comienzo parece fácil,
sobra la fuerza y la confianza
y tropezamos, caemos y nos herimos.
Nos detenemos sin ganas de continuar,
levantamos la mirada para descubrir
que aún falta;
no hay que aún mucho por seguir.
No hay que mirar atrás,
la vista siempre adelante,
un paso a la vez nada más,
lento pero constante
sin detenernos jamás.
Breves descanso para contemplar
el trayecto recorrido
y darnos cuenta que ha valido
el esfuerzo por continuar.
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